
¿Hacia dónde va el Mercosur?
Hace unos días -cuando el presidente Néstor Kirchner recién regresaba de China-, se dio una situación de contrastes nítidos en el comercio exterior nacional. Por un lado, los funcionarios exaltaban las posibilidades de crecimiento exportador en el mercado asiático. Por el otro, el Mercosur -que históricamente absorbe un 30% de las exportaciones nacionales- exhibió un panorama francamente desalentador. De hecho, a principios del mes pasado estalló una fuerte polémica con Brasil por la imposición de licencias no automáticas de parte de la Argentina, que restringen la importación de cocinas, lavarropas y heladeras de ese país. El Gobierno también aplicó un derecho compensatorio provisional a los televisores provenientes de la zona franca de Manaos. LA NACION organizó una mesa redonda para debatir cuál será el futuro del bloque, cuando aún se mantiene la controversia. Asistieron el secretario de Industria, Alberto Dumont; el presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), Enrique Mantilla; el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), Manfredo Arheit; el presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), Diego Pérez Santisteban, y el director del Grupo Brasil, Ricardo Sarmiento. -¿El Mercosur está perdiendo espacios en la política comercial argentina? Sarmiento: -Estamos en los comienzos del proceso de integración y muy lejos de ser un bloque comercial perfecto. Tenemos situaciones en las que más que conflictos sectoriales hay una falta de entendimiento sobre qué significa la integración. Debería significar contar con espacios de complementación de las ventajas comparativas y competitivas de los países para crecer juntos y generar trabajo. Mantilla: -No creo que el Mercosur haya perdido espacio en la política comercial argentina. Pero tenemos que atender problemas. En comparación con China, las mayores economías del Mercosur tienen hace 20 años un crecimiento muy pequeño. Ese es el principal problema que crea dificultades respecto de cómo nos insertamos en el mundo. Por otro lado, no hay experiencia histórica mundial de una unión aduanera exitosa sin coordinación macroeconómica. Y esa coordinación con Brasil -al que el Mercosur le representa un 12 o 13% de su comercio, cuando Uruguay tiene un 40 o un 45% de comercio con el bloque y la Argentina un 30%- genera una enorme complejidad. Además, el Mercosur tuvo un problema serio en el año 95. Los gobiernos de esa época lo definieron como una unión aduanera imperfecta e inventaron una categoría nueva. Ahí se dijo que el bloque no estaba más en transición pese a que está técnicamente en transición. Por tanto, los elementos para manejar la transición no están presentes. Entramos en algo que es difícil de nombrar porque es un objeto político no identificado. La solución es regresar a los acuerdos básicos. Para eso se requiere claridad conceptual, una gran capacidad política y un aporte sustancial del socio mayor que es Brasil. Dumont: - El Mercosur no pierde espacio en la política comercial. Pero los números fríos indican que el comercio intra-Mercosur, y en particular el de la Argentina y Brasil, no es lo que era anteriormente. Sarmiento: -Hoy estamos en 5000 millones de dólares de intercambio comercial por debajo de 1998. Dumont: -El Mercosur atraviesa por dificultades en la coordinación de políticas desde la devaluación brasileña de enero de 1999. Después, se produce la recesión y la devaluación en la Argentina y eso requiere todo un ajuste de precios relativos. Ese ajuste va a tardar tiempo y no se hace sin costos de un lado o del otro. De todos modos, hay algunos datos que no se pueden soslayar. Hay que mirar cómo es la composición de las exportaciones. A mí me gustaría que tengamos el mismo patrón de exportaciones del Mercosur en las exportaciones a todo el mundo. En mayo de 2004, el 51% de las exportaciones a Brasil fue de manufacturas de origen industrial y si tuviéramos esa tendencia en el nivel internacional habría un nivel de diversificación de exportaciones que hoy no tenemos. Cuando hacemos encuestas de expectativas de exportación, sobre todo en pymes, los mercados que salen primero son Brasil, los demás miembros del Mercosur y Chile. Se trata de la subregión que hemos construido con sus pros y sus contras, como lo describió Mantilla. Evidentemente, esa construcción ha ayudado a afirmar una estructura de política de exportación nada desdeñable para las pymes. El 62% de las exportaciones a Brasil es de pymes. Cuando vamos al valor no estamos en la mismas proporciones, pero tampoco son esas las cifras que tenemos cuando vemos la performance general de la Argentina en el mundo. Hay que matizar la visión de los números fríos. Pérez Santisteban: -El Mercosur no perdió vigencia para nuestros países. Quizás haya cambiado el perfil. Estamos muy preocupados por este déficit de 1000 millones de dólares que tenemos con Brasil y no nos preocupó el superávit de 10.000 millones de dólares que tuvimos en los años previos, cuando los argentinos no veíamos al tipo de cambio como favorable a la exportación. Ahora estamos en una etapa distinta. Estos problemas de sectores que siempre suelen ser los mismos no ocurren porque haya maldad o un concepto imperial del lado brasileño sino por distintas políticas económicas de los países que están mucho más lejos de la coordinación macroeconómica de lo que estuvieron nunca. Esto ocurre por razones entendibles. La Argentina está emergiendo de una situación de crisis y no puede darse algunos lujos, Brasil cree que puede dárselos y se los da. Y esto crea asimetrías en productores de un mismo sector. Podemos hacer dos cosas. Igualar para abajo, protegernos y empezar una guerra entre los dos lados. O se puede igualar para arriba y ver qué cosas nos separan en la coordinación macro para que las reglas en juego que tienen los productores de los países sean iguales y nos preocupemos más por atacar juntos terceros mercados y por complementarnos que por pelearnos entre nosotros. Arheit: -La visión del sector productivo sobre el Mercosur es la misma que se dio hace 12 años, cuando se formalizó el bloque. Recuerdo una conversación de ese momento. Decíamos que había llegado el momento de vender a San Pablo de la misma manera que en Rosario o que iba a ser lo mismo vender en Mendoza que en Puerto Alegre. Esta era la visión del año 92 y como productores no hemos renunciado a ella. Claro que cuando comparamos lo teórico con lo real, vemos que el Mercosur no funciona como fue planteado por las diferencias entre ambos países. Los países que circundaban la Europa más fuerte sacaron mucho provecho por su integración a la UE. Recordemos los enormes subsidios que la UE pagó a España o que sigue cobrando Francia por su política agropecuaria. Es un proceso muy distinto al de Brasil con la Argentina. Brasil no era en ese momento un núcleo económico e industrial tan fuerte como para derramar riqueza en los países de alrededor. Todo lo contrario. A partir de ahí empiezan a funcionar los mecanismos de la práctica diaria. Si después de analizar el ruido de los últimos días en materia de electrodomésticos, analizo el fondo de los problemas y comparo las empresas brasileñas con las argentinas, me doy cuenta de que las condiciones de desarrollo de ambos sectores han sido totalmente distintas. La competitividad de las empresas argentinas empieza a tambalear y no por incompetencia de los empresarios o trabajadores sino por reglas de juego externas a las empresas. Ahí está el reto y donde tenemos la oportunidad de mejora. Nadie pretende que Brasil cambie su política industrial. Todo lo contrario. La Argentina tiene la posibilidad de hacer algo parecido.
Hace unos días -cuando el presidente Néstor Kirchner recién regresaba de China-, se dio una situación de contrastes nítidos en el comercio exterior nacional. Por un lado, los funcionarios exaltaban las posibilidades de crecimiento exportador en el mercado asiático. Por el otro, el Mercosur -que históricamente absorbe un 30% de las exportaciones nacionales- exhibió un panorama francamente desalentador. De hecho, a principios del mes pasado estalló una fuerte polémica con Brasil por la imposición de licencias no automáticas de parte de la Argentina, que restringen la importación de cocinas, lavarropas y heladeras de ese país. El Gobierno también aplicó un derecho compensatorio provisional a los televisores provenientes de la zona franca de Manaos. LA NACION organizó una mesa redonda para debatir cuál será el futuro del bloque, cuando aún se mantiene la controversia. Asistieron el secretario de Industria, Alberto Dumont; el presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), Enrique Mantilla; el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), Manfredo Arheit; el presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), Diego Pérez Santisteban, y el director del Grupo Brasil, Ricardo Sarmiento. -¿El Mercosur está perdiendo espacios en la política comercial argentina? Sarmiento: -Estamos en los comienzos del proceso de integración y muy lejos de ser un bloque comercial perfecto. Tenemos situaciones en las que más que conflictos sectoriales hay una falta de entendimiento sobre qué significa la integración. Debería significar contar con espacios de complementación de las ventajas comparativas y competitivas de los países para crecer juntos y generar trabajo. Mantilla: -No creo que el Mercosur haya perdido espacio en la política comercial argentina. Pero tenemos que atender problemas. En comparación con China, las mayores economías del Mercosur tienen hace 20 años un crecimiento muy pequeño. Ese es el principal problema que crea dificultades respecto de cómo nos insertamos en el mundo. Por otro lado, no hay experiencia histórica mundial de una unión aduanera exitosa sin coordinación macroeconómica. Y esa coordinación con Brasil -al que el Mercosur le representa un 12 o 13% de su comercio, cuando Uruguay tiene un 40 o un 45% de comercio con el bloque y la Argentina un 30%- genera una enorme complejidad. Además, el Mercosur tuvo un problema serio en el año 95. Los gobiernos de esa época lo definieron como una unión aduanera imperfecta e inventaron una categoría nueva. Ahí se dijo que el bloque no estaba más en transición pese a que está técnicamente en transición. Por tanto, los elementos para manejar la transición no están presentes. Entramos en algo que es difícil de nombrar porque es un objeto político no identificado. La solución es regresar a los acuerdos básicos. Para eso se requiere claridad conceptual, una gran capacidad política y un aporte sustancial del socio mayor que es Brasil. Dumont: - El Mercosur no pierde espacio en la política comercial. Pero los números fríos indican que el comercio intra-Mercosur, y en particular el de la Argentina y Brasil, no es lo que era anteriormente. Sarmiento: -Hoy estamos en 5000 millones de dólares de intercambio comercial por debajo de 1998. Dumont: -El Mercosur atraviesa por dificultades en la coordinación de políticas desde la devaluación brasileña de enero de 1999. Después, se produce la recesión y la devaluación en la Argentina y eso requiere todo un ajuste de precios relativos. Ese ajuste va a tardar tiempo y no se hace sin costos de un lado o del otro. De todos modos, hay algunos datos que no se pueden soslayar. Hay que mirar cómo es la composición de las exportaciones. A mí me gustaría que tengamos el mismo patrón de exportaciones del Mercosur en las exportaciones a todo el mundo. En mayo de 2004, el 51% de las exportaciones a Brasil fue de manufacturas de origen industrial y si tuviéramos esa tendencia en el nivel internacional habría un nivel de diversificación de exportaciones que hoy no tenemos. Cuando hacemos encuestas de expectativas de exportación, sobre todo en pymes, los mercados que salen primero son Brasil, los demás miembros del Mercosur y Chile. Se trata de la subregión que hemos construido con sus pros y sus contras, como lo describió Mantilla. Evidentemente, esa construcción ha ayudado a afirmar una estructura de política de exportación nada desdeñable para las pymes. El 62% de las exportaciones a Brasil es de pymes. Cuando vamos al valor no estamos en la mismas proporciones, pero tampoco son esas las cifras que tenemos cuando vemos la performance general de la Argentina en el mundo. Hay que matizar la visión de los números fríos. Pérez Santisteban: -El Mercosur no perdió vigencia para nuestros países. Quizás haya cambiado el perfil. Estamos muy preocupados por este déficit de 1000 millones de dólares que tenemos con Brasil y no nos preocupó el superávit de 10.000 millones de dólares que tuvimos en los años previos, cuando los argentinos no veíamos al tipo de cambio como favorable a la exportación. Ahora estamos en una etapa distinta. Estos problemas de sectores que siempre suelen ser los mismos no ocurren porque haya maldad o un concepto imperial del lado brasileño sino por distintas políticas económicas de los países que están mucho más lejos de la coordinación macroeconómica de lo que estuvieron nunca. Esto ocurre por razones entendibles. La Argentina está emergiendo de una situación de crisis y no puede darse algunos lujos, Brasil cree que puede dárselos y se los da. Y esto crea asimetrías en productores de un mismo sector. Podemos hacer dos cosas. Igualar para abajo, protegernos y empezar una guerra entre los dos lados. O se puede igualar para arriba y ver qué cosas nos separan en la coordinación macro para que las reglas en juego que tienen los productores de los países sean iguales y nos preocupemos más por atacar juntos terceros mercados y por complementarnos que por pelearnos entre nosotros. Arheit: -La visión del sector productivo sobre el Mercosur es la misma que se dio hace 12 años, cuando se formalizó el bloque. Recuerdo una conversación de ese momento. Decíamos que había llegado el momento de vender a San Pablo de la misma manera que en Rosario o que iba a ser lo mismo vender en Mendoza que en Puerto Alegre. Esta era la visión del año 92 y como productores no hemos renunciado a ella. Claro que cuando comparamos lo teórico con lo real, vemos que el Mercosur no funciona como fue planteado por las diferencias entre ambos países. Los países que circundaban la Europa más fuerte sacaron mucho provecho por su integración a la UE. Recordemos los enormes subsidios que la UE pagó a España o que sigue cobrando Francia por su política agropecuaria. Es un proceso muy distinto al de Brasil con la Argentina. Brasil no era en ese momento un núcleo económico e industrial tan fuerte como para derramar riqueza en los países de alrededor. Todo lo contrario. A partir de ahí empiezan a funcionar los mecanismos de la práctica diaria. Si después de analizar el ruido de los últimos días en materia de electrodomésticos, analizo el fondo de los problemas y comparo las empresas brasileñas con las argentinas, me doy cuenta de que las condiciones de desarrollo de ambos sectores han sido totalmente distintas. La competitividad de las empresas argentinas empieza a tambalear y no por incompetencia de los empresarios o trabajadores sino por reglas de juego externas a las empresas. Ahí está el reto y donde tenemos la oportunidad de mejora. Nadie pretende que Brasil cambie su política industrial. Todo lo contrario. La Argentina tiene la posibilidad de hacer algo parecido.


